
Traté de que el corazón no me diera explicación para no derramar lágrimas en tu honor. Traté de que la razón me llevara al buen camino, el me presentó al vino al que agradecida estoy. Y hoy resulta que ayer el príncipe se hizo rey, aquel cepillo sin dientes hoy es el que mejor peina. Ya no deshace el somier aquel amor tan fugaz, que en ese cuarto de hotel se declaraba inmortal. Cuando las estrellas iluminan mi pasado puedo verte de rodillas pidiéndome que vuelva, hoy en mi ventana veo llover sobre mojado, me siento una niña indefensa en medio de la selva.

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